De versión en versión, sin perder el hilo
Cada iteración deja rastro. La versión final no se mezcla con los borradores, y los flujos disparan lo que toca cuando una pieza pasa al siguiente paso.
El flujo es del cliente, no del equipo
Unos clientes aprueban en cascada — primero copy, luego diseño, luego legal. Otros van en paralelo. Otros con SLA estricto, otros “cuando puedan”. Configuras el flujo de cada cliente una vez y se aplica a cada pieza — tu equipo deja de recordar caprichos.

Aprobaciones que mueven el resto del proyecto
Cuando una pieza se aprueba o se rechaza, dispara lo que toque: enviar email, programar publicación, mover el activo a producción, notificar al equipo (ver cómo se planifica). La aprobación es el evento; el resto se mueve solo.

Trazabilidad sin foros laterales
Quién aprobó qué, cuándo, sobre qué versión y con qué comentario — todo enlazado a la pieza, no a un Slack lateral ni a mil emails (ver el lienzo de revisión). Cuando el cliente pregunta “esto no lo aprobamos así”, tienes la respuesta en un click.

Automatizaciones reales encima del flujo
Más allá de mandar emails: programar publicación, generar reporting mensual de aprobaciones, escalar al manager si pasan 48h sin respuesta, notificar al equipo de cuentas. Todo configurable sin código.

Cada cliente, su flujo. Tu equipo, una sola superficie.
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